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Fernando Paganini: “Con el valor actual, se espera que la pandemia desaparezca”

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-¿Cuándo identifica el punto bisagra entre el “prepararse para lo peor” y el “estamos bien”?

-Hay un indicador clave que es el R0, la tasa de reproducción: cuántas personas en promedio contagia cada nuevo contagiado. Uno de los desafíos de Uruguay es que como son pocos los casos, al mínimo brote ya se mueve mucho ese R0. Pero, grosso modo, se dice que una enfermedad está bajo control cuando el R0 es menor a uno. Y en Uruguay eso se viene dando a partir de la primera semana de abril, con altibajos

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Matemáticamente hay chance de que en Uruguay se esfumase la pandemia de COVID-19 . Así lo dice la relación entre quienes cursan la enfermedad y los que ya se recuperaron, y así lo demuestra la tasa de reproducción (R0) que está por debajo de uno “hace semanas”. Pero el matemático Fernando Paganini no canta victoria y prefiere la “cautela”. Porque este científico que asesora al gobierno entiende que su disciplina sirve para ver las tendencias, pero no asegura que una sociedad sea hermética e inmóvil. Por eso habla de los aciertos con mesura y ni siquiera camisetea con que a Uruguay “le va mejor” que a Argentina.

Uruguay está “relativamente bien”, ¿qué significa?

-A medida que pasan las semanas, con pocos nuevos casos de contagios pese a que no cae la cantidad de test, da para concluir que “se viene bien”. Pero como no nos vamos a quedar tan confinados como estábamos, porque se vuelve a actividades presenciales, hay una voz de cautela que relativiza la observación.

-¿En qué valores se traduce el “estar bien”?

-La tasa de letalidad del virus está por debajo del 3% y la cantidad de contagios ha ido disminuyendo. Hubo un brote inicial (asociado al casamiento), con cifras para nada despreciables, pero luego eso se frenó y ha ido a la baja. Hubo pequeños brotes, todos controlados, y la ocupación de camas del CTI nunca saturó al sistema sanitario. Entonces la propagación que está habiendo fuera de la vista, no parece ser muy significativa. Mucho menos si se compara con aquel “prepararse para lo peor” que se pensaba antes de la llegada del virus a Uruguay.

-¿Cuáles fueron las claves para que se llegara al escenario actual?

-Las medidas precoces que se adoptaron, el distanciamiento físico social que acató la gente y el seguimiento de los contactos de los contagios fueron claves. Cuando la escala es muy grande y hay muchos contagios, no queda otra que el distanciamiento. Pero cuando son pocos los casos, nada mejor que ir a “apagar” los pequeños focos.

-¿Cuándo identifica el punto bisagra entre el “prepararse para lo peor” y el “estamos bien”?

-Hay un indicador clave que es el R0, la tasa de reproducción: cuántas personas en promedio contagia cada nuevo contagiado. Uno de los desafíos de Uruguay es que como son pocos los casos, al mínimo brote ya se mueve mucho ese R0. Pero, grosso modo, se dice que una enfermedad está bajo control cuando el R0 es menor a uno. Y en Uruguay eso se viene dando a partir de la primera semana de abril, con altibajos.

-Un R0 muestra que, tarde o temprano, la enfermedad desaparecerá. ¿Cuándo será ese momento para Uruguay?

-Con el valor actual en Uruguay, se espera que la pandemia desaparezca. Pero para que ello suceda, debieran darse dos escenarios. Por un lado, no debería haber más introducciones del virus desde el exterior. Eso es difícil de garantizarlo porque un país no es un recipiente hermético y basta ver la movilidad en la frontera seca con Brasil. En ese sentido, Nueva Zelanda, por su carácter de isla, tiene más chances de encapsularse. Por otro, el R0 tiene el valor por las medidas tomadas. Entonces, es probable que si se termina el distanciamiento también cambie ese valor. Extinguir la enfermedad no está a la vista.

-¿Qué puede pasar el día de mañana?

-Angela Merkel, en Alemania, dio una conferencia en que mostraba cómo el cambio del valor del R0 daba distintos escenarios. En Uruguay recién nos estamos haciendo de los datos para calcular, con cierta precisión, esos escenarios. Por lo pronto, sabemos que, por unas semanas y siempre bajo la tendencia actual, estaremos bajo control.

-Un casamiento, el hospital Vilardebó, un residencial… ¿en Uruguay ha sido la pandemia de los multidiseminadores?

-Hubo algo de eso. Ahí fue buena la respuesta de Epidemiología en el seguimiento de los contactos. Una de las cosas en las que estamos trabajando es que la tecnología, las bases informáticas, colaboren en esa tarea que, hasta ahora, es muy manual y que cuenta con pocos recursos.

-¿Es parte de la interfaz de Google y Apple ?

-No. El proyecto de Google y Apple puede ser una fuente de información de contactos. Pero en lo que estamos trabajando es cómo abordar el tracking una vez que se conoce el caso, cómo automatizar parte del proceso.

-¿Qué cantidad de personas hay que contactar, en promedio, por cada contagiado nuevo?

-En el orden de los diez, pero depende el caso.

-Dicen que el COVID-19 genera muchos asintomáticos, ¿qué sabemos de ellos?

-Sobre las cifras de asintomáticos hay bastante incertidumbre en todo el mundo. En Uruguay solo sabemos que un 15% de quienes dieron positivo por contacto con otros casos de COVID-19 eran asintomáticos. El porcentaje real de asintomáticos parecería ser más una característica de la enfermedad y la pandemia en sí, no tanto de un país. En España y Francia, que han pasado por el gran brote y ahora hicieron testeos inmunológicos para evaluar si las personas han tenido la enfermedad, parecería haber entre un 20% y 30% que no había sido diagnosticada. ¿Eran asintomáticos? No sabemos. Puede que estuviera saturado el sistema sanitario, puede que no se haya testeado bien. En Uruguay hay solo un estudio sobre sintomáticos no reportados, entre los que está la matemática María Inés Fariello, y dice que serían un tercio más. Pese a los no reportados, en Uruguay, donde se está testeando bien, nos daríamos cuenta si el subrreporte sería muy grande.

-¿Se está testeando bien?

-Por la cantidad de test que se procesan, por la cantidad de nuevos positivos cada día y el seguimiento de Epidemiología cabría pensarse que se está analizando bien.

-¿Vamos a un testeo aleatorio estilo España?

-A medida que se dan pasos de apertura, hay que monitorear. Pero por la prevalencia de la enfermedad en Uruguay, los testeos por área (como en la construcción o como se quiere hacer en oficinas públicas) se comportan muy similar a un testeo aleatorio masivo. Sirven más para dejarnos tranquilos que para encontrar mucha cosa. Hacer un esfuerzo enorme de testeos aleatorios, tiene un rédito bastante bajo.

-¿Los testeos serológicos darían mucha más información?

-Darían una idea de cuántas personas podrían haber cursado la enfermedad y generaron cierta inmunidad. Pero, otra vez, hay que hacer un uso racional.

-En la frontera con Brasil , donde podría haber un brote, ¿sí tiene sentido un testeo aleatorio?

-Si se priorizara algo, la frontera podría ser un buen criterio.

-En Argentina hablan del ” exitoso caso uruguayo “. ¿En qué se diferencia si Argentina tomó medidas y distanciamiento?

-Hay una cuestión de escala, de densidad poblacional. Un argentino más camisetero decía que, en comparación a la provincia de Santa Fe que tiene una población similar a la nuestra, Uruguay está parecido. Si nos consideramos una provincia de Argentina (se ríe), seríamos una que está bastante bien.

Los rastreos “no pusieron en juego la privacidad” Fernando Paganini. Foto: Marcelo Bonjour -¿Han usado la big data (léase los movimientos por teléfonos celulares, las cámaras de videovigilancia o las STM) para hacer cálculos?

-No. Hay quienes están trabajando en eso, pero, por el momento, esos modelos toman tantos supuestos que para los pocos casos que hay en Uruguay se corre el riesgo de que sea poco fiable la proyección. La STM te dice cuándo te subís al ómnibus, pero no cuándo te bajás. Tampoco te dice la distancia con otros. Ahí ya hay que tomar supuestos que, tarde o temprano, terminan alterando el cálculo final.

-¿Cuál es el límite entre la obtención de datos y la privacidad? O, dicho de otra manera, entre la libertad y la seguridad.

-En Uruguay y occidente, las herramientas de rastreo no han puesto en juego la privacidad. Distinto es lo que ha pasado en China o Corea del Sur que han seguido hasta geográficamente dónde está la gente. De hecho, uno de los puntos más estudiados en la interfaz de Google y Apple fue cómo no identificar a la persona y garantizar la intimidad.

-¿Existe peligro en que las grandes bases de datos terminen quedando en manos de unos pocos, en especial de los gigantes de la tecnología?

-Es una incógnita. Es cierto que la tendencia que tiene la gente de usar las mismas plataformas va haciendo que se generen monopolios de información. Eso parece irreversible y, de pronto, el jugador que está en el poder cede el lugar como ha sucedido con IBM en su momento o Microsoft.

“La llamada inmunidad de rebaño no parecería aplicable” -El concepto de R0 surge del modelo SIR que tiene un siglo. ¿Sigue siendo válido?

-Este modelo, y sus variantes, sigue teniendo un poder de síntesis potente. Tal vez el ejemplo más claro es que el Imperial College de Londres sacó en marzo una proyección en base a este modelo que hizo cambiar la estrategia que llevaba adelante el gobierno británico. De ese grupo surgió la herramienta que aplicamos en Uruguay. Una cosa interesante del modelo clásico es que permite estimar qué cantidad de gente debería infectarse en una población dada para que haya una inmunidad natural. Eso está vigente, pero el mundo no está operando bajo esa lógica.

-Dados los números de Uruguay, ¿no sería demasiado costoso pensar en una inmunidad colectiva sin vacuna?

-Sin dudas. La llamada inmunidad de rebaño no parecería aplicable para ningún país. Basta pensar en España o Francia, dos países que han tenido una ola grande de contagios y fallecidos, en donde la cantidad de personas que tuvieron la enfermedad no supera el 5% de la población. Eso está muy lejos del estimado 60% necesario para lograr la inmunidad colectiva. ¿Qué significa? Estos países se bancaron un brote espantoso y ahora no se pueden relajar porque les podría aparecer una nueva ola. ¿La conclusión? Hasta que haya una inmunidad artificial, como las vacunas, o la mejora de tratamientos que haga menos letal el virus, más vale tomar medidas para nunca llegar al brote espantoso.

-No hay vacuna y se viene el invierno, ¿era el momento para la vuelta a clases?

-Las medidas de distanciamiento, además de frenar al COVID-19, han disminuido las enfermedades respiratorias en general. Eso no es sostenible para siempre, por tanto, la pregunta es cuál es el punto de contagiosidad tolerable en una sociedad. Hasta el momento, la estacionalidad no parece ser tan significativa en COVID-19 en sí. Basta mirar en Sudamérica: en Guayaquil (Ecuador) y en Manaos (Brasil) ha habido brotes intensos y no son climas invernales. El verano no te protege. Entonces hay que evitar que las otras enfermedades, esas que sí tienen estacionalidad como la gripe, estén controladas. Una buena noticia es que en Uruguay se ha hecho una vacunación importante contra la gripe.

-¿Hay un modelo estadístico “made in Uruguay“?

-La Matemática es una ciencia universal, no hay fronteras.

-Los matemáticos, como usted, han estado relegados a la docencia y la investigación académica, ¿COVID-19 es el punto de inflexión de los científicos trabajando cada vez más cercanos a la toma de decisiones de gobiernos y empresas?

-El matemático, a diferencia de lo que se cree, no mira números. Mira objetos abstractos, ecuaciones. En mi equipo de investigación hemos trabajado con modelos de población para estudiar redes de comunicación, por tanto, lo que hicimos con la pandemia era bastante parecido en algunos conceptos. No sé si esto será un click. Sí sé que quienes estaban en disciplinas cercanas han dejado todo para ayudar en el análisis y combate de COVID-19.