Lapatilla agosto 15 2026, 10:40 amPosteado en: Destacados, Nacionales, Terremoto VenezuelaCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Escombros del colegio Cruz Felipe Iriarte, en La Guaira, el 10 de agosto. GABY ORAA En medio de la devastación de La Guaira, Yaraís Ballesteros abrió las puertas de su casa para convertirla en una escuelita informal. Quería un espacio donde niños y niñas se reunieran para hablar, crear, aprender y disfrutar; fue por ello que lo llamó Rincón de Luz. Allí, 23 niños y adolescentes de entre cuatro y 15 años reciben clases después de que el terremoto dejara inutilizadas sus escuelas, destruyera sus viviendas y, en algunos casos, separara a sus familias. Por Gabriela Mesones Rojo | EL PAÍS Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos “Le puse este nombre porque, entre tanto dolor, este es un espacio necesario para reír, conectar e integrar las emociones que hemos sentido”, dice Ballesteros, especialista en educación especial y paciente de lupus, quien atiende la escuelita junto a su hermana, que perdió su casa por la zona. “Muchos de ellos han perdido sus colegios y no tienen adónde ir cuando empiecen las clases”. Para Ballesteros, no hay una única manera de acompañar a las infancias después de una tragedia de esta magnitud. Las edades son distintas, pero también lo son las pérdidas y las necesidades de cada uno. “Tengo un chico de nueve años que no sabe leer ni escribir; tengo otro de siete que perdió a su hermano. Todo eso se tiene que atender de forma particular”, explica antes de empezar una sesión de juego con los estudiantes. La ini
Fuente: La Patilla — Ver nota original